MARIO VARGAS LLOSA, Y SU NARRATIVA DE IDENTIDAD

15 de octubre de 2021 Por Dimas Arrieta

A ESTAS ALTURAS, hablar de MVLL, -constituido en una marca y registro verbal-, literariamente, todo lo que se diga, a favor y en contra, resulta algo interesante en la discusión, porque es el autor inagotable para el análisis crítico. Pues su monumental obra diversa y dispersa, atrae el interés, ya sea política y literariamente. En gran medida es planetaria, no se puede contener, porque es, en otras palabras, lo que nos ha convocado siempre, la literatura, es decir, la simiente de la imaginación que ayudó a saber llevar y soportar la vida en la civilización humana; en su tiempo, en su momento histórico, en su época conflictiva, alerta a los grandes cambios.

Un escritor consagrado en el universo, tanto se ha dicho de su narrativa que adquiere varios horizontes desde el aparato crítico de sus discursos. Hablar de lo que ya se dijo, en consecuencia, nos gusta el sentido, pero seduce lo que se pueda decir, porque es amo señor de la grafía, es cierto, la escritura.

Pues mirar desde la hermenéutica indoamericana, -y peruana visión- vemos su contenido como el más existente y existencial, donde nos reflejamos involucrados como norteños. Pues descubrir “las hechicerías de la forma en la ficción” ha sido fácil hablar de su oficio ejemplar, lo que significa hoy, en día, casi sesenta años después de su publicación, reflexionamos al leer el libro “La Casa Verde” (1965) novela sólida en técnicas y sus significaciones apuestan por una narrativa de identidad. Reto hermenéutico que vamos a tratar de hacer un acercamiento.

¿Qué es la narrativa de identidad?

Dentro de las literaturas se ven las narrativas emergentes, es decir, las narrativas de identidad, las poéticas de identidad, cuya riqueza expresiva va más allá del discurso, antes y después de su nacimiento. En ella guarda su pensamiento mítico Huarág (2013), que es el modo de ser de los humanos. Una bandera espiritual que no la vemos, pero sí sentimos quienes estamos muy cerca, a la vez distante, en los predios y reinos que llamamos literatura.

Por otro lado, toda ruptura, en la literatura, debe ser con el lenguaje y la novela La casa verde (1965), en el Perú y a nivel Hispanoamericano, tuvo esa función, hizo otra propuesta, se rompieron los cordeles rígidos para formar otra tradición literaria, que ha sido una tradición lingüística, con el mismo boom Latinoamericano. No existe en la literatura una tradición o un nuevo discurso, sino propone una distinta forma de decir y nombrar las cosas. Por eso, esta novela en cuestión, obtuvo “El Premio Internacional de Literatura Rómulo Gallegos” en 1967, afectivamente, por sus características, no solo constituyó un muestrario, sino algo más, vino a suturar un discurso que faltaba darle su punto final, o más bien, un comienzo.

La clausura y comienzo es evidente de una época, un tiempo, un momento discursivo. Referentes Juan Rulfo, José María Arguedas, Ciro Alegría, Alejo Carpentier y Augusto Roa Bastos, referentes obligatorios, pero toda ruptura siempre involucra el tecnicismo (moderno) y el lenguaje. Es este instrumento, caro y ansiada consagración que da la garantía de la acción primordial en la literatura, quien decide la trascendencia y evidencia su esencialidad. Una obra maestra, muy temprana donde hay una pedagogía escritural en técnicas.

Desde este punto de vista MVLL, es una tradición que vigoriza su propuesta, a través de sus discursos: historia, mitos, leyendas y relatos que, configura una unidad cultural. Entonces, La casa verde (1965), una propuesta fundacional, el pasado y el futuro en el presente y esa es la seducción.

Por consiguiente, con la fuerza ontológica igual identidad, la escritura es pensar determinando las cosas. Efectivamente, tenemos algo decisivo, que quiere decir, en todos los ámbitos como creciente en el mar, así vertical y horizontal: el ser determina al pensar. No demos mucha vuelta, es más, no queda otra. Como se dice, en la otra orilla de lo universal del conocimiento, eso es así y así debe ser, lo que es y lo que ha sido. Acierto total, hay que confirmarlo a pecho abierto. No hay pasibilidad para ser otro más de lo que somos. Tamaña adhesión que soporta las temáticas en cuestión en la obra la Casa verde (1965).

La piuranidad que emerge en la “Casa Verde”.

El libro se escribió en París, nos dice en su prólogo MVLL (1998), en el año 1962 y 1965, “sufriendo y gozando como un lunático”, la sabiduría popular nos sitúa: para estar cerca, se necesita estar lejos, y cuándo más se sufre persiguiendo lo ansiado, más se ama lo conquistado. Qué grande es el sueño conquistado, que hermoso es la interioridad de esta novela. Que gusto de volver al exquisito discurso, que oleadas verbales refrescan una proposición narrativa. Por eso, nos da una identidad piurana por donde apreciamos.

De este modo, en la diversidad de identidades que somos hay que saber ubicarse. Tomar posesión porque es saber dónde nos encontramos, o que lugar nos pertenece textual y en forma literaria. Es decir, por las características (ontológicas igual identidad) que nos hace ser nosotros, no otros, sino los que somos. Sencillamente, únicos, intransferibles, lejos de la propaganda y el efluvio moderno. En consecuencia, como especie cultural, podemos ser bien parecidos, pero no iguales. Pero reiteramos, somos idénticos nada más que a nosotros mismos. Legales a nuestra personalidad en seguir siendo nosotros como nuestros abuelos, cercanos, lejanos y ausentes, presentes en la tradición, en esta civilización, leyendo está clase de narrativa, en la ficción y en la recreación de nuestras vidas.

Dentro de las literaturas se ven las narrativas emergentes, (hoy en día), las narrativas de identidad, las poéticas de identidad, cuya riqueza expresiva contiene la tradición en sus discursos: historia, mitos, leyendas y relatos que, configura una unidad cultural. Por supuesto, la narrativa de identidad contiene en sus adentros: la oralización de la escritura (Pacheco, 1992), presencia de las narrativas míticas y la técnica de exposición de historias que comunican los viejos cuenteros.

La Casa verde (1965), reúne todas estas características, la identificación con sus personajes que tiene lugar de su procedencia, está en su habla, pues su lenguaje es lo que señala el pueblo, la nación o región norteña:

La noche piurana está llena de historias. Los campesinos hablan de aparecidos; en su rincón, mientras cocinan, las mujeres cuentan chismes, desgracias. Los hombres beben potitos de chicha rubia, áspero vaso de cañazo. Este serrano es muy fuerte: los forasteros cuando lo prueban por primera vez. Los niños se revuelcan sobre la tierra , luchan, taponean las galerías de los gusanos , fabrican trampas para la iguanas o, inmovibles, sus ojos muy abiertos, atienden las historias de los mayores: bandoleros que se apostan en las quebradas de Canchaque, Huancabamba y Ayabaca, para desvalijar a los viajeros y, a veces, degollarlos; mansiones donde penan los espíritus, curaciones milagrosas de los brujos; entierros de oro y plata que anuncian su presencia con ruido de cadenas y gemidos ;…” (Pág. 43).

La novela se distingue porque se siempre refleja la interioridad de la sociedad, de una comunidad, echada en el arenal, con el cariño de los médanos calientes y el patrullaje de los árboles de algarrobo que da esos frutos afrodisiacos, en Ica, llamados la famosa huaranga, se nombre quechua. Las costumbres quedan descubiertas en lo que comen los piuranos, sus movimientos silenciosos por los vastos arenales. Donde existen, en ese tiempo, los bandoleros que se movían en costa y sierra.

Presencia amazónica en el discurso narrativo

Un pueblo amazónico de Santa María de Nieva, lugar donde se inician los grandes secuestros que significan a las niñas huambisa aguarunas, el traslado a la ciudad costeña. Lidera un personaje pícaro ya nada bien intencionado como Fushía. Textos donde se exhibe la marginación, transculturación.

Indudablemente, hay una fluctuación de tiempos, en asentamientos textuales de épocas remotas. Características principales de las narrativas de identidad, cuyos orígenes son los siguientes:

a). Descienden de las narrativas míticas, especialmente de los mitos fundacionales.

b). Muestran un perfil textual provenientes de la oralización de la escritura, porque su riqueza expresiva configura una unidad cultural.

c). Tiene un retoque técnico en el lenguaje para universalizar lo regional, que no cae en una peligrosa resistencia cultural.

d). Esto quiere decir que somos universales, pero con una personalidad propia, unida al ejercicio de ser lo que somos, por adherimos, nos identificamos, nos gusta su fuerza espiritual que transmite esa literatura.

Por supuesto, pensamos mucho, pensamos tanto que replanteamos y hablamos con la fuerza de lo que nos dice o nos trata de hablarnos sus enunciados narrativos. Aquellos que parecen confesionarios que son ardorosas batallas con el lenguaje, con el enfrentamiento con uno mismo, porque, al decir, en silencio lo que grita el corazón. Pensamos que es heroico narrador, hoy en día en el Perú.

Ser padre de una familia literaria, lo hace asumir una posición en sentir-amar su país. Su identificación peruano-universal, y mantener su destreza –según vivir en una ciudad europea, allí sintiendo el Perú, en su caro momento, sintiendo en el alma planetaria (Paris en la década del 60), eso ya es un hecho inusual. Realmente es un canto de primicias del pasado piurano reunidas en esta novela. Donde están los vientos pasados como presentes.

Si pues, no hay zona de crepitación de nervios y buena alianza de mascarillas simbólicas que, cuando se manifiesta el alma colectiva del mundo costeño, amazónico que se expresa así. En consecuencia, crea efectivas primicias de algún pasado ausente. Efectivamente, vivencias en proclamas de cordilleras solemnes, (de la sierra piurana) que se han vivo, y los somos de la región nos consta el sentir lo que la novela nos manifiesta. Y en identidad de desiertos drásticos, envueltos en el ropaje de narrativas míticas, de alguna historia o relato que esconde acontecimientos, la ciudad piurana se perfuma de hermosas leyendas. Lo mismo la Amazonía recobra su lo olor de bosques y ríos, donde nació el narcotráfico.

“Fushía apagó el fuego, de un patadón tiró al agua la ollita, a ver si lo despertamos, y entre los dos lo remecieron, lo pellizcaron, lo cachetearon, y él, entre dientes era cusqueño de casualidad su alma nació en el Ucayali, patrón, y Fushía ¿lo oyes?, lo oigo, parece loco, y Pantacha su corazón era triste. Fishía lo sacudía lo pateaba, serrano de porquería, no es hora de sueños, hay que estar despierto, vamos a morir de hambre y Lalita no te oye, está en otro mundo, Fushía. Y él, entre dientes, veinte años en el Ucayali, patrón, se contagió de los paiches, tenía el cuerpo duro como la chonta, los jejenes no entran. Él esperaba los globitos, ya salen los paiches a tomar aire, pásame el arpón Andrés, duro, fuerza ensártalo, yo lo amarro, patrón, él dormía a los paiches al primer palazo y la canoa se le volcó en el Tamaya, él salió y el Andrés no salió, te ahogaste hermano, las sirenas, te arrastraron al fondo, ahora serás su marido, por qué te moriste, charapita Andrés.” (Pág. 291).

Discurso narrativo que identifica la zona, la costumbre, las referencias míticas sin lugar a decirlo, a propia la vida que se tiene en la Amazonía. Por consiguiente, el pensar determina las cosas. Efectivamente, tenemos algo determinante, que quiere decir, en todos los ámbitos como creciente en el mar, así vertical y horizontal: el ser determina al pensar. No le demos mucha vuelta, es más, no queda otra. Como se dice, en la orilla, de lo universal del conocimiento. Eso es así y así debe ser, lo que es. Acierto total, hay que confirmarlo a pecho abierto. No hay posibilidad para ser otro más de lo que somos. Tamaña adhesión que soporta las temáticas en cuestión.

Esto es sincerándonos, así al oído, somos quienes somos porque nuestro ser lo es, no otros, sino lo que nuestra forma de ser nos ha moldeado, nos ha construido con el paso del tiempo. Que duda tenemos, somos hechura y producto de esa energía, cuya llama (fuego) no la podemos ver, está allí, es real, más que nuestra existencia e insistencia que se define como civilización humana. Somos parte de esa evolución, integramos esa notable red sagrada de vida. Oh divinos mandatos que equivale a la experiencia de vivir en esta tierra. Itinerario global de existencias, de permanencias terrenales, de luchas vanas entre nosotros, y no nos damos cuenta: somos una sola la humanidad.

Somos un nosotros que tanto hemos buscado. Lo que las culturas del Norte peruano han dicho: “Todos somos nosotros” En cada uno está la totalidad de todos notros. No hay otro camino para encontrar la luz, el estar bien, el estar completos y no fragmentados, porque esa es nuestra misión en estar larga o corta carretera que es nuestra existencia. De allí nos viene una pregunta. Se han pregunta ¿cuál es su misión en esta vida?

Las culturas andinas y amazónicas, nos han enseñado que no somos los reyes de la naturaleza, somos parte de ella, de todo lo que tiene existencia e insistencia. Todo que tiene aliento de vida, integra también ese nosotros, es parte de nosotros mismos. No estamos aislados, la individualidad nos existe, entonces nos preguntamos: ¿si el humano no ha venido a ser humano, entonces a que ha venido? No tiene razón de ser, nos dicen, que se devuelva a su natural, venga fin el fin supremo de nuestra ley, ser humano, hermano. Entonces, eso es la humanidad, de paso la razón de ser de las humanidades.

Conclusiones:

  1. Novela fundacional de la literatura peruana, muestrario como se debe tratar las temáticas, costeñas urbanas, Andinas y Amazónicas en las prácticas literarias.
  2. Muestrario de perfil textual provenientes de la oralización de la escritura, porque su riqueza expresiva obedece a una unidad cultural.
  3. Como sabemos que, la tradición literaria es tradición lingüística, es la razón porque le dieron el Premio Internacional de Literatura Rómulo Gallegos, a la mejor novela en lengua española.
  4. La novela refleja la interioridad de la sociedad, de una comunidad, echada en el arenal, con el cariño de los médanos calientes y el patrullaje de los árboles de algarrobo que da esos frutos afrodisiacos, en Ica, llamados huaranga, se nombre quechua.
  5. En realidad, las costumbres quedan descubiertas en lo que comen los piuranos, sus movimientos silenciosos por los vastos arenales. Donde existían en otro tiempo, los bandoleros que se movían en la costa y sierra.

Bibliografía

Huarág, Eduardo A. (2013) Pensamiento mítico en la narrativa Latinoamericana Lima: Ediciones Altazor.

Pacheco, Carlos (1992) La comarca oral. La ficcionalización de la oralidad cultural en la narrativa latinoamericana contemporánea. Colombia, Bogotá.

Vargas Llosa, Mario (1965) (1998) La casa verde. Barcelona: Editorial Seix Barral. Santillana Ediciones Generales, S.L. (2005).

Dimas Nello Arrieta Espinoza