La pecera electrónica

Resulta un lugar común llamar a la televisión con el mote peyorativo de la “caja tonta”. Cuando en realidad a lo que más se parece es a una pecera electrónica. Existen varios estudios psicológicos y sociológicos que demuestran que los aparatos televisivos cumplen una función tranquilizadora y de efectos calmantes muy similar a la que obtenemos cuando observamos a una pecera real con peces vivos de colores en su interior. Por contra, el sonido y el sistema audio de los televisores crean el efecto contrario, es decir: el de llamar la atención del telespectador y provocarle una cierta excitación que contrasta con el efecto dopante de las imágenes emitidas.

La televisión se ha convertido en el mayor instrumento de manipulación de las mentes colectivas y de control de las masas en manos de los que controlan el Sistema establecido. Todas las informaciones sobre política nacional e internacional que se emiten por televisión son tendenciosas, partidistas y manipuladoras. El único fin que persiguen es el de manipular las mentes de la gente y de ejercer el miedo social colectivo con fines de dominación política, social y económica. Si de verdad las noticias televisivas sirviesen para concienciar a la gente y para ayudar a cambiar la sociedad, entonces el Sistema establecido no permitiría que se emitieran. Por eso obedecen a fines más siniestros y cínicos.

Existe una confusión deliberada entre Información y Conocimientos. No son lo mismo aunque, por oscuros intereses, se pretende que así lo creamos. Aparte del hecho que no está para nada claro el que las informaciones políticas y económicas que se transmiten por la televisión sean la verdadera información, suponiendo que ese concepto signifique algo. De forma deliberada y programada lo que de verdad se pretende es que nada signifique nada. El Sistema cuenta a su favor con el hecho evidente de que las grandes masas urbanas no piensan por sí mismas ni actúan de forma consciente y organizada. Si tal cosa sucediera, eso constituiría el auténtico “Horror Vacui” de los controladores y manipuladores del Sistema establecido. Sería el fin del principio y el principio de su propio fin.

Percibimos que las informaciones que se emiten en televisión son son para nada veraces ni sinceras. Lejos de ello, obedecen a finalidades de manipulación, control y de ejercicio del miedo colectivo. No debemos olvidar en ningún momento que tan sólo el uno por ciento de la población mundial tiene el control y el dominio del 90 % de todos los recursos económicos, financieros y la gestión de todos los recursos minerales y fuentes de energía. El 99% de la población restante debe conformarse con los pastelitos pequeños y las migajas, independientemente de que les guste aceptarlo o no.

El 20% del 99% que queda está formado por las clases medias, las profesiones liberales, las pymes y los pequeños comerciantes. El 80% restante lo conforman las masas trabajadoras y los pobres en diferente grado. Que van desde la pobreza relativa a la pobreza extrema. Con lo que deberíamos formularnos la siguiente pregunta: ¿Cómo se consigue que el 99% restante se conforme?. La respuesta es muy sencilla: con el absoluto control de los medios de comunicación de masas (“Mas Media”). En este sistema de control y de manipulación mental la televisión juega un papel central y decisivo.

La televisión constituye la mejor y más eficaz herramienta de control de la mente y de manipulación de los deseos y sentimientos de las masas por parte del Sistema establecido. Ello se consigue no solo a través de los contenidos y el tratamiento de la información sino también en la forma de emitirla y en su distribución estratégica. Todo está orquestado para crear estados de miedo, ansiedad y deseos de compra consumista. El programa anterior a los servicios informativos suele ser un estúpido concurso o un programa de prensa del corazón y chafarderías de sociedad. No es por casualidad ya que la franja horaria previa a los noticiarios resulta decisiva para crear un clima de confusión deliberada en los espectadores. En estos programas se induce al público a creer que la vida es muy bonita porque todo es suerte, dinero, amoríos y felicidad personal y colectiva.

Presentan, por lo tanto, una visión claramente optimista de la vida. Justo cuando acaban la emisión de los mismos, emiten una hora de programas informativos donde te dicen todo lo contrario. En los noticieros nos “informan” de que el mundo real está hecho una mierda porque todo son guerras, terrorismo internacional, crisis financieras y económicas, catástrofes naturales y accidentes aéreos y de tráfico. Después de la machacada depresiva del Telediario emiten unos programas de entretenimiento intrascendente en el que aparecen grupos de chicas jóvenes y hermosas bailando semidesnudas en la plataforma de un estudio de televisión.

Aquí la vida vuelve a ser muy bonita otra vez como si el espacio informativo no lo hubiesen emitido. Y eso cuando no les da por poner de sobremesa una de esas insulsas y soporíferas tele series costumbristas. En ellas no ocurre absolutamente nada de especial que no pueda estar pasando en el seno de una familia media y no hay ningún problema que no esté ocurriendo en cualquier comunidad de vecinos. Estas series transmiten la idea de que lo único que importa de verdad es la vida cotidiana de cada uno por muy banal y plana que sea. Justo todo lo contrario de lo que decía el Telediario media hora antes. Lo que acabamos de describir es un ejemplo común de programación televisiva habitual en una de las franjas de horario televisivo de mayor audiencia.

En mitad de todos estos programas se emite la omnipresente e inevitable Publicidad comercial. En ellos no se informa de casi nada en concreto ya que los publicistas saben que cuando más se habla de las características técnicas de los productos y/o servicios, menos se venden. Lo único que dicen estos anuncios es el consabido estribillo de “Compre el nuevo Esto, compre el nuevo Aquello”. Ultimamente se han puesto de moda un tipo de anuncios cuanto más estúpidos mejor que poco o nada tienen que ver con las características específicas de los productos o servicios que se anuncian. Los publicistas han descubierto que cuanto más tonto es un anuncio más se le queda a la gran mayoría de la gente en su memoria colectiva. A esta consigna se atienen porque, en última instancia, lo que realmente les importa es estimular al máximo los deseos de compra de las masas y vender cuanto más mejor. En la publicidad comercial es donde las técnicas de control mental colectivo y de manipulación de los deseos y sentimientos de la gente resultan más evidentes si cabe.

No quiero ser yo quien ponga las conclusiones finales a este pequeño ensayo sobre la alienación televisiva. Esta tarea corresponde única y exclusivamente a aquellos de mis potenciales lectores que todavía posean la capacidad de pensar por sí mismos. Soy muy consciente de que este ensayo será leído por pocos lectores y que, todavía menos, habrá entre ellos muchos que aún sean capaces de pensar por su cuenta. Este es el triste panorama al que nos enfrentamos a diario y lo que estoy afirmando en este párrafo final no constituye una novedad para nadie. No pretendo ser gracioso ni pasar por original. No se me escapa el hecho evidente de que estas pequeñas reflexiones vertidas en este artículo ya han sido dichas y escritas por otros autores más importantes y conocidos que yo mismo. Pero eso no me importa y no me impide exponer lo que creo que tengo que decir independientemente de que guste o disguste a muchos o a pocos. En la recta final de mi vida tan solo deseo disparar unos cuantos tiritos muy bien pegados y que este artículo sea uno de ellos. Por lo menos este es el íntimo deseo al que aspira un pensador autodidacta e inconformista.

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César A. Alvarez
César A. Alvarez
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