Amb la col·laboració de:
Y ahí estaba,
la poesía.
Cuando se me cerró
la puerta y se me intentó
ahogar,
tapiándome la única
ventana,
qué me daba
la oportunidad de respirar.
Ahí estaban
mis letras,
rogándome piedad,
aclamando compasión.
"Me podían salvar".
Eso decían, eso hicieron.
Las dejé salir,
echaron abajo
ese cemento.
Cemento
que me ahogaba,
que mataba la luz
de mi ventana,
que gritaba versos.
Versos de consuelo.
Consuelo,
que se volvió Musa,
inspiración,
esperanza,
alegría y duelo.
Porque...
Por fin.
Por fin
había muerto,
bajo tierra
y enterrada;
Esclavitud mental,
que quería atarme
a la perdición
de vivir anclada
a algo,
que no dejaba
expresar
mis miedos.
Un día,
los saqué fuera,
los lleve a paseo.
Muchos se marcharon,
tras alzar el vuelo.
Ni adiós dijeron.
Hola
digo,
desde aquí abajo,
cuando hoy
los veo.
Vuelan libres,
sin temor
a nadie,
sin temor
a ser menos
de lo que fueron.
Otros,
viven;
Todavía conmigo,
en mis adentros.
Les tengo aprecio,
los intento abrir
al mundo,
para que lleguen lejos.
Acostumbrada
a anestesiar
sentimientos,
hoy puedo decir
que jamás
podría vivir sin ellos.
Gracias,
asfixiante habitación,
por encerrarme en ti
y mostrarme que yo...
Yo soy dueña
de mi desastre,
porque solo yo
puedo salvarme
y mostrarme
a mí primero
lo que quiero,
siento y necesito
antes de mostrarle
nada al resto.





