CUANDO LLEGÓ LA PESTE, DE JORGE ESPINOZA

2 de diciembre de 2021 Por Dimas Arrieta

Acaba de editarse, Cuando llegó la peste (Fondo Editorial cultura peruana, 2021), relato y registro reciente del drama humano, denuncia certera ante los anales profundos que van quedar en la historia literaria. ¿Qué nos pasó en esta última civilización humana? ¿Alguien nos puede decir si es un castigo divino? O ¿es el castigo del Caballero Don Dinero, para entrar a un nuevo orden? ¿Qué sentidos tiene esta pandemia?

Dicen que económico, político e ideológico. En otros términos, ansían eso y están diciendo que, van abolir las religiones. ¿Podrán? Sueño de los europeacas en el siglo XIX, en XX y en el XXI, eso no deseamos los andinos que no se cumpla. Especialmente los que creemos en Pachacamac, el verdadero Señor que aplaca los temblores y terremotos. Mientras toda la ciudad de Lima, extraña esa religiosidad en el mes de octubre:

Cuando llegaron las noticias del espantoso verdugo, empezaron a cavarse las tumbas, cayeron en oleadas los infieles. Nadie supo nada, nadie sospechó nada y llegó el espanto en noches de tempestad. (Pág. 7).

Que ya hoy, unos dueños del mundo deciden todo, que vamos hacer, las concentraciones en los grandes templos están vacíos, donde la Iglesia Cristiana rendía el culto al creador. Es el nuevo orden social, eso dicen o están hablando “los hombres de ciencia”, no sé yo, pero ustedes que creen en los discursos de la imaginación, lo que hace dos mil años se ha registrado.

Algunos escapaban a la calle, otros escapaban a la tumba y todos temblaban ante el invisible enemigo que lanzaba su terrorífica plaga contra la humanidad. El veneno inundaba la ciudad, trepaba por la garganta. (Pág. 19).

Nada más, voy a la literatura que algo tiene en sus discursos. Algo ya se dijo, algo se está diciendo, algo que tenemos que escuchar. Yo me quedo allí, en lo más querido, que hace dos mil años, nuestros ojos son testigos de lo que han leído y ha ocurrido. Entonces, confío en nuestros a nuestros oídos, porque bien saben escuchar los ojos, en los hablan y han hablado en tiempos viejos. Todo esto lo aclara la ficción literaria, como es el relato Jorge Espinoza Sánchez:

Se aguardaba despegadamente el brebaje mágico y cuando por fin sonaron las trompetas de la gran noticia, descubrieron los aterrados infieles que su reino no figuraba entre los elegidos del gran pinchazo salvador. (Pág. 50).

Aclaremos, la Literatura es ficción que no es mentiría ni fantasía, ni puede ser el calco y capia de la realidad. Entonces ¿Qué es la ficción literaria? Es decir, efectivamente, nos manifiesta la verdad a través de símbolos. En este mismo sentido, es la recreación de la realidad. No es que algo tenga de cierto, es que la certeza nace de la experiencia. Tiene que hablarse de algo que ha nacido, que tenga un pasado, que un acontecimiento, por supuesto ya sucedido. No viene de la nada, todo es producto de un ser que se hizo para nacer. Magno hechizo de muerte y nacimiento, es cierto. Somos designados para morir, nacimos con la muerte a cuestas. Recordemos los acontecimientos registrados:

Hasta ahora se escuchan los escudos, las espadas,
luego del festín y las vivas por los triunfos.
De nada le valió a Paris, el raptor,
su ansiada posesión del reino que no era
para él, dejando antecedente por tremenda osadía.
“Todo lo que provocan las mujeres”,
“Qué rica locura”, agregó conmovido
al leer los cantos formidables del rapsoda. (DAE)

Entonces, llevado a la magia verbal, algún acontecimiento o hecho humano que se ha escrito en la grafía occidental, hace ya dos mil años, tenemos que seguir hablando de los mismos tópicos. Antecedentes mayores en la Literatura Universal como La Ilíada y La Odisea, inventarios griegos por el viejo Homero, que no nos interesa su existencia, pero es nuestro gran estratega que perfiló la capacidad de imaginación. Dicen que era todo un pueblo Homero, digan lo que digan lo seguimos leyendo en estos tiempos. De allí que cantamos nosotros:

Los rapsodas han dejado de cantar, viejo escriba,
nada y todo, razón e historia solas quedan.
La vida sigue siendo, en esencia, viejo heleno,
esa ida y venida, en su tránsito, nada más…
Tantas cosas escuchaste –mirando en ese momento-
el clima perfecto donde se dieron las batallas.
Allí está la sagrada Ilión, extraordinario sueño ahora:
campos verdes, y mar a sobresaltos
con sus olas, allí se destruyó la calma,
se distanciaron los amores, mientras tú, escriba,
cinco siglos después en la contemplación
ya nada podías hacer, ni Zeus, que preocupado
se cogió de las barbas ante tal recopilación…(DAE)

Hoy por hoy, en este relato fresco de Jorge Espinoza Sánchez, registra lo que nos está pasando, por supuesto que, han sido espantosos los acontecimientos que nos ha sucedido, a todos los seres humanos antes de irnos al más allá, o al más acá, ¿A quién le echamos la culpa de esta pandemia? Cada persona responderá desde su padecimiento, ¿acaso lo ha asaltado su salud en medio de estrechez económica? ¿Es culpa de los gobiernos de no tener hospitales dotados de medicinas y de garantizado aire para respirar? Por primera vez los seres humanos se murieron por falta de aire.

Aquel planeta nuevo, irreconocible. ¿Quién castigaba a los hombres? La prensa tejía fabulosas historias de macabros negociados de poderosos magnates, el pueblo aislado en los cerros y conventillos comían su miseria petrificados por la tromba monstruosa. (Pág. 12).

Tenía que tener la imagen en el diagrama de cada texto trabajado con poder de síntesis, imágenes que son recreadas con respetables conveniencias a la modernidad. Por supuesto, donde prima la imagen que da más significada en este mundo contemporáneo. Casi es un texto objeto, un libro donde está coludido con una diagramación tan respetable en las significaciones textuales: la imagen habla por lo que no se dijo textualmente.

Así corrían los días a la primera encerrona, con su brisa macabra; luego vino la segunda cadena y cuando nadie lo esperaba llegaron cian días de cuarentena. (Pág. 17).

Los informes documentales históricos no van a pasar, sino para las noticias momentáneas de algún medio de comunicación, para el chisme diario, para la información de la propaganda del Presidente de la República que salía a diario, y de algún energúmeno que quiere enrostrarnos que está comprando o combatiendo la pandemia. Este libro es la radiografía del espíritu peruano que soporta en silencio esas desgracias.

Nadie sabía nada, nadie preguntaba nada, todos se contemplaban aterrados con sus mascarillas de quirófanos en calles convertidas en cementerios. El terror nos sobrecogía al despertar, aislados hasta la ilusión. (Pág. 28).

¿Cuántos se han ido, en un año, sin despedirse de sus seres queridos? Viejos, jóvenes, mujeres, niños, desesperados buscando un aposento (hospital) para pedir oxigeno que la muerte marcaba sus pasos. Eran angustiantes los momentos, nada más que por oxígeno. Nos vimos en estas circunstancias, no por mandato divino, ni la fuerza cósmica de una luz omnipresente, sino por círculos de poder terrenal, planetario que quiere implantar un nuevo orden. Por eso el escritor dice:

¡Oh musa! Déjame contarte el drama de los hombres de mi tiempo.

Cuando llegaron las noticias del espantoso verdugo, empezaron a cavarse las tumbas, cayeron en oleadas los infieles. Nadie supo nada, nadie sospechó nada y llegó el espanto en noches de tempestad (Pág. 7).

Solo los discursos que están colindantes con la fuerza lírica, pueden quedar grabados en el tiempo y en la memoria. Otro camino para saber dónde poder dar las quejas, para que se tenga en cuenta en el futuro ¿Quiénes son los culpables lo que nos ha pasado? Solo nos que eso. Nada más. Nuevamente digo, que ha sido como un baldazo de agua, bien helada, sobre nuestras cabezas. Este relato, de Espinoza se interroga en cada espacio textual.

Dominados por el miedo del terrible silencio, unos marchaban a los templos, otros marchaban a la muerte, todos vivían sin rumbo, nadie contaba con certezas; solo contemplaban pilas de cadáveres en el mundo que fue rico y deslumbrante y las noticias llegaban de los reinos de Pasolini, y Versace. Así contemplábamos destrozarse la imagen de la vida. (Pág. 30).

Adecuado el formato, nos recuerda un formato que eligió don Felipe Huamán Poma de Ayala, en la Nueva corónica y buen Gobierno I, (1615) al que son las grafías hechas por él mismo, que expresan el estado emoción de los que vivía la cultura peruana, estados emocional vivencial de ese momento. Registrado hace un –peruano más brillante de todos los tiempos- hoy esos libros de libros no queda en la memoria peruana.

Mientras saqueaban el tesoro sus egregios gobernantes, moría la ilusión de la aldea ante la vacuna que no llegaría porque se les fue negada por los piratas perpetuados en palacio. Todo era un cargamento de flores y muertos, empezaron a pudrirse en las calles los apuestos caballeros y las elegantes damas. (Pág. 53).

Por eso, este relato importante, optó por la imagen en sus dibujos. Magnifica decisión que, nos describe también el estado emocional de una época crucial de la humanidad, de igual manera, los dibujos acompañan el itinerario textual de una grafía, con ese poder de síntesis esta historia de lo que está ocurriendo en épocas contemporáneas.